A las y los jóvenes de Argentina:
Entendemos el hartazgo. Crecieron viendo a sus padres y abuelos esforzarse en un ciclo de crisis recurrentes, donde el progreso económico parecía una promesa rota por décadas de gestiones que no lograron dar estabilidad. Es lógico que ese cansancio se haya transformado en un grito de cambio y en la elección de un modelo que prometía romper con todo lo anterior.
Sin embargo, es momento de levantar la mirada y observar lo que está pasando en el corazón de nuestro país: nuestras fábricas, nuestros comercios y nuestra capacidad de crear.
- El riesgo de una Argentina sin motores
Bajar la inflación es una necesidad urgente, pero no puede ser a costa de destruir lo que nos da de comer. Un país que no promueve su industria nacional ni protege su comercio interno es un país que se queda sin empleos genuinos para los jóvenes.
- Sin fábricas: No hay puestos técnicos ni profesionales para quienes se están formando.
- Sin consumo: El negocio del barrio —donde muchos consiguen su primer trabajo— baja la persiana porque nadie tiene dinero para comprar.
- Sin turismo y servicios: Perdemos una de nuestras mayores ventajas competitivas en el mundo.
- El ajuste no es desarrollo
Estamos viendo despidos constantes y el cierre de pymes que tardaron décadas en levantarse. El desarrollo social no llega solo por el equilibrio fiscal; llega cuando un país decide qué quiere producir y cómo va a cuidar a su gente. El progreso real no es «sálvese quien pueda», sino la construcción de una economía donde el esfuerzo se traduzca en una vida mejor para todos, no solo en números de una planilla de Excel.
- Una invitación a reflexionar
No se trata de volver al pasado, sino de entender que no hay futuro posible en una Argentina que se desindustrializa. Un país que solo exporta materias primas e importa todo lo demás es un país que condena a su juventud a salarios bajos y falta de oportunidades.
Las materias primas no son solo bienes exportables para el país que las posee, son una oportunidad de desarrollo sostenible, tenemos una ventaja en energía, alimentos y minería necesitamos la renta que estos sectores producen para invertir en educación, investigación, infraestructura logística y en bienestar para los argentinos No se pueden dilapidar los recursos naturales para financiar importación que destruye nuestras industrias.
El verdadero cambio debe ser aquel que potencie nuestra capacidad de producir, de innovar y de consumir lo que nosotros mismos hacemos. Defender el trabajo argentino es, en última instancia, defender tu derecho a tener un futuro acá.
«La libertad sin oportunidades de trabajo y producción es solo una palabra vacía.»
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